Este es un mundo de paradojas en el que muchos confundimos los conceptos o creemos tener algo que no tenemos y perseguimos metas que no nos llevan a nada. Cuantas veces nos enfocamos únicamente en tener más dinero por ejemplo. El dinero puede comprar la diversión pero no la felicidad, el remedio pero no la salud, el lujo pero no la belleza, el nicho de muerte, pero no la paz interior.
Hoy en día tenemos centros comerciales más grandes, pero menos motivos para gastar en regalos, gastamos más dinero y tenemos cada vez menos porque nos creamos más necesidades. Compramos más y disfrutamos menos. Tenemos departamentos más grandes y familias más pequeñas, más educación y menos formación, más conocimiento y menos juicio, más medicinas y menos bienestar.
Andamos más conectados y sin embargo no hablamos con nadie, porque el facebook te aleja de los que tienes cerca y te acerca a los que tienes lejos.
Hemos limpiado el aire pero no el alma, hemos aprendido a hacer cosas más rápido pero no a tener más paciencia. Cada vez tenemos más cantidad y menos calidad, más tiempo libre y menos diversión, departamentos más bonitos pero hogares más rotos.
Esta es la época de los sentimientos falsos, estilos de vida light, la época donde la gente está más feliz pero es menos feliz, donde tenemos todo en la vitrina y nada en el inventario, es decir, estamos más preocupados en hacer creer a los demás que somos felices que en tratar de serlo. Ser feliz no es nada fácil, implica hacer felices a los que están a tu alrededor, apoyándolos en las épocas de sufrimiento y adversidad, pero vale la pena, la felicidad vale todo lo que cuesta.
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